Carlos Díaz: Contra el apartheid

Carlos Díaz, durante el ensayo de Josefina la viajera, un texto de Abilio Estévez, recién estrenado por Teatro El Público.

Carlos Díaz es, definitivamente, un transgresor. No sólo fue una de las primeras personalidades cubanas en admitir públicamente su preferencia sexual, sino que ha encabezado desde Teatro El Público una mirada desprejuiciada y diversa hacia la sociedad cubana actual, aunque algunos intenten meterlo en el gueto del teatro gay.
Carlos ha retomado magistralmente la tradición del teatro griego de la Antigüedad, en la que los roles femeninos se encomendaban a hombres, y ha provocado hoy un cambio en ciertos estereotipos sexistas. Por si fuera poco, su compromiso se traduce también en su participación en la Jornada Cubana Contra la Homofobia, desde sus inicios en 2008.
—Por estar vedado para las mujeres el mundo de las artes, en el teatro los personajes femeninos fueron interpretados por hombres, hombres que no necesariamente eran homosexuales. También se cuentan historias de mujeres que para participar se travistieron como hombres. Ejemplos sobran en la historia del teatro griego, el romano, el japonés, el isabelino… y hasta en la mitología griega ¿Por qué el transformismo está tan satanizado en la actualidad?
—El teatro es mentir de buena manera, es representar, es sentir cosas que quizás no te hayan tocado hasta ese momento, y el hecho de entrar en otra esencia da también la posibilidad de engañar, interpretando a un personaje de otro género.
El actor o la persona cuando se traviste está haciendo teatro. El ser humano se va caracterizando y va construyendo una historia dentro del mismo drama, que existe. Por ejemplo, acabas de ver un ensayo de “Josefina la viajera”. Has visto a un actor pasando por varios estadios que nos son comunes a muchos de los cubanos en la cotidianidad. No creo que Abilio (Estévez) haya pretendido hacer un Hamlet moderno, pero tiene mucho de ese ser o no ser, del me voy o no me voy, de tengo o no la razón.
La satanización está en la mente de algunas personas que han estipulado, escudados en la ética, que eso no está bien visto. Pero, cuando conoces la vida de Molière, te das cuenta que las personas que nos dedicamos al teatro siempre estamos al margen y no es que estemos, sino que nos ponen.
Raquel Revuelta decía que desde los tiempos de este dramaturgo francés la gente del teatro está pasando mucho trabajo. Es ir arriba de la carreta e inventar: si el viento va para allá, vira la carreta para que no te tumbe la escenografía.
Creo que el travestismo y el transformismo se han hecho visibles porque le tocaba para colocar un mensaje. Las cosas tienen su tiempo. Es como los autores que en un momento sintieron un teatro que olvidaba el texto. Ahora hay una vuelta a este y al espectáculo con tiempo.
Aunque no le sucede lo mismo a un actor que a la persona que decide cambiar su sexo, cambiar su fisonomía para vivir así, ambos están actuando. Y todos nos pasamos la vida actuando. La economía y la política tienen mucho que ver con un gran espectáculo. Incluso, se habla en términos de estrategias militares del teatro de operaciones. Del teatro uno no se puede librar. Todos los sistemas de relaciones son teatrales: las bodas, los cumpleaños…
Ese traje blanco que usaste [1] se hizo para la puesta en escena de “A Moscú” [2], en la que tres hombres representaban a las tres hermanas, mientras todos los personajes masculinos de Antón Chéjov los hacía una mujer. Sólo en un momento ella usaba ese vestido enorme que bloqueaba con su cola muy grande y era como una máscara para el travestismo, o sea, vamos a vestir a una mujer de mujer porque la hemos visto haciendo de hombre durante 25 minutos y ahora este hombre va a hacer de mujer.
Desgraciadamente todavía pedimos el favor de ser tolerados para algo que tiene un sustrato histórico, mitológico, literario y artístico.
—Pero, el travestismo ha evolucionado para convertirse son sólo en una  manifestación artística, sino social y de militancia política de la comunidad de lesbianas, gays, transgénero y bisexuales (LGTB). Insisto, ¿por qué apoyar el transformismo?
—Tengo un actor que logré que tuviera categoría de profesional; y lo que hacía antes era travestirse en fiestas. La gente lo adora. ¿Por qué el que lo adore en las fiestas no lo va adorar en el escenario?
A Jimmy (Jiménez) lo conocí en una fiesta,  y vi a una persona actuando con una excelente voz, dicción y manera de decir. Verlo armándose es asistir a un acto de amor. Lo apoyé en todo porque era darle un duro golpe a cualquier imperialismo casual, que dicte que un hombre no se puede vestir de mujer.
—Para Severo Sarduy “El travesti no copia: simula. El travesti, aunque ese fuera su objetivo, no va a clonar o a replicar a una mujer para suplantarla: su femineidad va a superar lo femenino. Y pienso en Osvaldo Doimeadiós cuando afirma que pese a cuidar de la estética de sus personajes femeninos, no los crea perfectos, nunca se propone superar a lo femenino…
—Para mí es muy importante la convención, en materia de teatro y en la vida. Si tú haces algo bien estudiado y las personas tienen las claves de por dónde tú vas, eso te puede quedar perfecto. Si decides simular la alegría y codificas muy bien qué es una persona alegre, aparece la alegría.
Es como el estilista que habla contigo y al rato, con tu esencia, sabe cómo travestirte —por qué no usar el término. Ya eres un personaje creado para eso y la vida está llena de personajes así.
—Para muchos, desde la Trilogía de Teatro Norteamericano hasta hoy, tu obra marca un hito importante en el arte de temática gay en Cuba. Sin embargo, pienso que, más allá de esta temática, tu discurso apela a una mirada desprejuiciada, alternativa y diversa de la realidad cubana ¿Por qué?
—A la realidad diversa que vivimos y a la que el público quiere ver. Yo no trabajo para premios ni tendencias. Hago un teatro que hable de todo y en el que la gente escoja lo que quiere ver.
—Junto a tu obra, el relato “Fíchenlo, si pueden”, de Virgilio Piñera; la novela “Paradiso”, de José Lezama Lima; el poemario “Lenguaje de mudos”, de Delfín Prats y el  poema “Vestido de novia”, de Norge Espinosa; el cuento “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”, de Senel Paz y su versión cinematográfica, “Fresa y chocolate”, la obra de Reinaldo Arenas y Severo Sarduy, son hitos más recientes en la literatura, el cine y el teatro con temática gay en Cuba. ¿Cuál ha sido el papel del arte, de este arte, en la transformación de estereotipos machistas, misóginos y homófobos?
—Creo que arte hace una purga porque desde el diseño gráfico hasta el teatro va a abordar esta lucha y está en función de acabar con toda esta bobería.
—Sin embargo, hay víctimas de la homofobia en la isla, incluso dentro de este mundo. Entre los afamados y reivindicados por la historia está Virgilio Piñera, condenado a la marginalidad por su homosexualidad, por la que fue encarcelado durante la noche conocida como las Tres Pe (prostitutas, proxenetas y pederastas) ¿Cuál es el saldo del proceso posterior al congreso de Educación y Cultura de 1961 y del llamado quinquenio gris o proceso de parametración?
—Eso es una presilla puesta, aunque muchos hablan de que está ahí. Pero lo que ha venido después ha ayudado a que no suceda nuevamente. Están creadas las condiciones para que todos recuerden lo que pasó y que nunca más vuelva a suceder.
—Para algunos autores, el reconocimiento de la compleja diversidad sexual en un país tradicionalmente machista, en el que la homosexualidad fue también un estigma político durante muchos años, puede leerse entonces como el reconocimiento de la posibilidad de aceptar otras diversidades, también necesarias y reclamadas por una parte del entramado social ¿Qué opinas?
—Abordar la diversidad en todos los sentidos es muy importante porque es un renglón del desarrollo. Si no diversificas, no conoces, no pruebas, no ves…
—Has formado parte de la Jornada Cubana Contra la Homofobia desde el inicio en 2008. ¿Por qué involucrarse en este tipo de evento?
—La razón fundamental es porque soy homosexual. No me gusta el apartheid.  Hay muchas personas que me lo agradecen. Me da mucha alegría hacerlo. Creo que eso es importante porque trabajo con artistas, no con personas enfermas.
El actor Osvaldo Doimeadiós me decía que eres un transgresor desde la normalidad para no discriminar. ¿Ha sido conciente?
—Hay cosas que cuando no las entiendo y no las puedo decir desaparezco. Por eso creo que no podría ser economista ni político.


[1] Carlos se refiere al vestido que utilicé para el video clip del trovador Jorge García que se filmara en la sede del Teatro El Público en La Habana, en 1996.

[2] A Moscú (1991), compilación de Antón P. Chejov, Ballet-teatro de La Habana.

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