TransDebate

Participantes:

  • Alberto Roque Guerra es colaborador del Cenesex, médico internista miembro de la Comisión Nacional de Atención a Personas Transexuales, presidente de la Sección de Diversidad Sexual de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (SOCUMES) y activista gay.
  • Esther Suárez Durán es socióloga. Dramaturga, narradora, ensayista, crítica teatral, guionista de radio y televisión.
  • Pedro Manuel González Reinoso es transformista del proyecto cultural villaclareño El Mejunje, promotor de literatura del Centro Provincial del Libro y la Literatura en la provincia de Villa Clara, traductor, peluquero y economista.
  • Alexis Castañeda Pérez de Alejo es poeta, ensayista y crítico, amigo del proyecto cultural villaclareño El Mejunje y autor del libro testimonial de Ramón Silverio, promotor de este espacio inclusivo,  “Yo simplemente hago o La Aventura de El Mejunje” (Editorial Sed de Belleza, 2001),  ampliado y reeditado en 2010 bajo el título “No pido permiso para hacer”.
  • Cindy es promotora de salud del grupo HSH-trans del Cenesex, en La Habana. En 2010,  fue elegida como Miss Travesti, en un evento organizado en el centro cultural El Mejunje.

Las reformas al Código de Familia y al Código Penal, así como la propuesta de una ley o decreto ley de identidad de género y la reactivación de las cirugías de adecuación genital en Cuba, promovidas por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), han propiciado un debate en la sociedad cubana que al parecer no conoce de términos medios. ¿Qué ha sido lo más enriquecedor de la polémica

—Alberto Roque Guerra: El incipiente debate sobre estos temas ha sido muy útil para la identificación de las resistencias que encontramos en los diferentes espacios. Ha sido notable, por ejemplo, ver cómo los estudiantes universitarios arriban a la alta enseñanza con mucho desconocimiento sobre la sexualidad en general y, mucho más, sobre los temas de la diversidad sexual.
Los encuentros que hemos realizado desde hace más de un año y medio en el espacio Cine Club Diferente, con la conducción de Frank Padrón, han mostrado en primer lugar que la gente está más interesada en el tema, pues el cine se llena en cada proyección. También hemos notado favorables e interesantes cambios en el discurso de las personas durante el debate. De la catarsis inicial —siempre necesaria— se ha transitado a un análisis más profundo de los problemas relacionados con la diversidad sexual.
Comencé diciendo que el debate es incipiente porque aún no hemos llegado a la familia, a la escuela, que son los pilares fundamentales de la educación sexual en la sociedad. Si los medios de difusión y las escuelas no se integran a esta estrategia educativa, no podrán lograrse cambios favorables para la evolución del imaginario social.

—Esther Suárez Durán: Me disculpo: apenas conozco de la polémica.

—Pedro Manuel González Reinoso: Ha existido —y consideremos esa deficiencia que casi aniquila el inquirir— una muy escasa divulgación oficial y de los medios (no sé si masivos o no) sobre el particular asunto. Por tanto hablar de términos medios me parece “acreditador”. Las discusiones sobre los cambios introducidos a los códigos respectivos vigentes, mencionados en la interrogante, no han trascendido los círculos de interés de asociaciones de justicia, salud y prevención de las ITS/VIH/sida provinciales, y raramente tocaron en noticias a las municipalidades del país que navegan formalmente en su aura irreflexiva, gracias al desorden informativo reinante. Eso se sabe.
He preguntado a gente común y ordinaria —nada atrasada, por cierto, en cuanto a referencias sobre el acontecer del país o el extranjero— y a sujetos relevantes, y en general desconocen sobre el tema. Una verdad tangible se deriva de ello: No ha existido el interés político gubernamental de someterlo a una auténtica discusión pública o popular.
De la asamblea parlamentaria cubana se esperó más que los tímidos resultados exhibidos en diciembre de 2008, cuando siquiera se consideró la controvertida ley que ampararía, protegería y preservaría las pertenencias materiales, espirituales y morales de la unión no legal de personas del mismo sexo, que por años han sido ignoradas o vapuleadas en nuestro entorno machista. Tampoco se votó la tan necesitada reestructuración de la ley de la vivienda —conflicto medular de tipo género-habitacional y de deficitaria infraestructura del Estado, que soporta apenas la eximia pirámide social que nos contiene.
Por tanto, lo más enriquecedor de la polémica —si es que la hubo realmente en su justo lugar y no a nimio nivel callejero—, ha sido el secreto expandido de adivinar si resultaría posible —¡por fin!— la admisión de estas reformas dentro de la rigidez histórica del pensamiento en nuestro país y de la resistencia por acatar los cambios que se tornan inexorables.

—Alexis Castañeda Pérez de Alejo: La introducción del tema. Todas estas cosas empiezan así, por ser prohibidas, mal vistas por el gobierno y por la sociedad en su conjunto.
Algún día había que plantearse este asunto. Es muy bueno que se haya basado en argumentaciones científicas. También, que empiece por arriba, que la hija del jefe (Mariela Castro Espín) esté involucrada en una comprensión que no suena falsa. Es una mujer que ha entendido el sentimiento y la psicología de estas personas marginadas y desde ahí ha trabajado por su inclusión en la sociedad para mejorar su vida.
Esto es un proceso que permitirá que la gente vaya entendiendo, asimilando. Creo que el debate se dé también en las instancias como la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento unicameral) y legislativas.
Lo veo como cuando se impuso el comunismo, que la gente no sabía lo que era y no lo quería y llegó a quererlo.

—Cindy: Lo más importante no es estar a favor o en contra de la propuesta, sino que se esté visualizando el tema. Antes no sólo no existíamos, tampoco se hacía nada por nosotros. Hablar de esto demuestra que estamos, que la revolución nos visualiza y que nos acepta. Entonces estar en contra o a favor no importa. Lo que importa es que se haga realidad de una vez porque la revolución lo acepte y la sociedad lo visualice también.

La propuesta de ley o decreto ley de identidad de género tiene personas detractoras que reconocen en esta otra forma de discriminación. Algunas la ven como una medida particular necesaria para prevenir la exclusión. Mientras otras se debaten entre dudas y pocas certezas o la oposición total a la propuesta. ¿Cuál es su posición? ¿Por qué?

—Alberto Roque Guerra: Las personas transexuales son parte de nuestra sociedad. Nacen y crecen en el seno de la familia y requieren de un reconocimiento legal de sus derechos por el sufrimiento y la angustia que experimentan al ser discriminadas en todos los espacios.
Este dilema se presenta en la inmensa mayoría de las culturas en el mundo, donde sólo se reconocen dos rígidas categorías de género: femenino y masculino, asignadas de acuerdo al aspecto de los genitales en el momento del nacimiento.
Mientras, la ciencia aporta cada vez más evidencias de que la transexualidad no es un trastorno. Lo que no es normal ni saludable es la vejación, la exclusión y el sufrimiento, de los que son víctima estas personas desde edades muy tempranas. Consecuentemente, crecen con severos trastornos del desarrollo de su personalidad. La marginalidad, la deserción escolar, la negación del derecho al empleo y la violencia intrafamiliar, son situaciones comunes a muchas personas transexuales. El suicidio es, en ocasiones, “la única solución” que algunos encuentran a tal grado de angustia.
No tengo duda alguna de que la aprobación del Proyecto de Ley de Identidad de Género es una necesidad urgente. Algunos opinan que “la población no está preparada”, que “la sociedad necesita educarse en estos temas”… Partimos de que el pleno y libre disfrute de la sexualidad es un derecho humano fundamental y parte indisoluble del bienestar psicológico y biológico de los seres humanos.
La ausencia de una ley que ampare a estas personas las anula como individuos jurídicos. Simplemente no existen, por lo que es un contrasentido manido, pueril, esgrimir que sería discriminatorio aprobar este Proyecto de Ley.

—Esther Suárez Durán: Creo que un instrumento legal será un primer paso. Me parece necesario. Lo otro es perdernos en debates y palabras, mientras la exclusión sigue cabalgando.

—Pedro Manuel González Reinoso: Muy obvia. Estoy por toda apertura física o mental que mejore las condiciones de aceptación y realización humanas, y de toda clase de tolerancia para con los gustos, credos, posturas, asunciones y/o preferencias privadas de cualquier tipo, amén de las muy urgidas independencias ideológicas e individuales.
Debo erigirme, por mi particular visión del mundo, en defensor de todas las libertades conocidas o por inventarse, incluido el intento salvador del maltratado y extrañado cuerpo de la nación cubana. Que existan detractores, también lo incluyo en mis anhelos de reserva existencial. Que no nos falte absolutamente nada, para tener sustratos por que pelearnos hasta morir, al menos en el intento. Eso dedujimos muy bien siendo escolares, a partir del reiterativo mach(o)acoso discurso oficial.

—Alexis Castañeda Pérez de Alejo: En el primer caso puede haber dos posiciones: la que indica que no es necesario si ya tienen todos los derechos como ciudadanos y la otra que puede ser un subterfugio para no reconocer más derechos a este grupo.
Ahora, hay una justificación para hacer esta especificidad con los derechos de ese grupo, teniendo en cuenta que la sociedad los sitúa fuera de la “norma”, entonces lleva un tratamiento especial para la adaptación de los demás. Llegará el día que no habrá que apartarlo y será normal. Pero hoy corremos el riesgo que se diluya en ese derecho de todos.

—Cindy: Si la Constitución de la República incluye la igualdad social, no veo por qué haya que dictar leyes para el respeto a las personas transexuales. Cuando se habla de igualdad social no hace falta distinguir entre seres humanos porque estaría incluida la igualdad de género, de religión, de etnia… Pero sé que una cosa es hablar de la Constitución y de leyes, y otra, la realidad social. La Constitución y la sociedad no están ligadas: una la imponen y la otra funciona por las herencias. Desgraciadamente, vivimos en una cuidad patriarcal, donde el prejuicio siempre va a existir, donde el machismo siempre va a prevalecer. Y esa Constitución aguanta lo que le pongas, y si la sociedad no lo acepta, no lo cumple. Tendrían que venir nuevas generaciones, con otros valores heredados y con otras vivencias, otras experiencias, porque no se le puede meter a la sociedad la Constitución o las leyes por la cabeza.

Especialistas aseguran que la homofobia, la lesbofobia y la transfobia en Cuba estás entronizadas en el mismo concepto de nación “viril”, agudizadas por los procesos de “parametración” de la década de los 70’ s que imponían a personas homosexuales su separación del centro de trabajo por ser un mal ejemplo para las nuevas generaciones. ¿En qué lugar se ubicarían las personas transgénero en el presente y fututo de la nación cubana? ¿Por qué suelen aparecer las personas travestis como las más estigmatizadas dentro del grupo de personas transgénero? ¿Cuál debería ser el papel del Estado en la promoción de la igualdad y la inclusión?

—Alberto Roque Guerra: La existencia de las personas transgénero en Cuba se conoce desde el siglo XIX, aunque tuvieron mayor visibilidad en los años 90’s del pasado siglo.
Desconocidas hasta entonces —pienso que convenientemente ignoradas— la población comenzó a verlas con mayor frecuencia en las calles, las fiestas privadas, en comunidades periféricas de las grandes ciudades y otros espacios.
Vivimos en una sociedad impregnada y organizada desde estereotipos machistas, hegemónicos y heterosexistas que encasillan a los individuos en categorías normativas. Las personas transgénero subvierten estas normas, lo que las ubica en una espacio muy inferior de la pirámide de categorías, incluso muy por debajo de las lesbianas y los gays.
Dentro de las expresiones transgenéricas más conocidas, el travestismo, en lo particular, es más visible que la transexualidad. Puede que sea esta una de las razones por las que las personas travestis sean más discriminadas. Sin embargo, para la población y muchos profesionales —incluyendo los de la salud, por cierto— todos son parte de un mismo fenómeno. La falta de conocimientos sobre este tema los lleva a clasificarlos como “homosexuales que se travisten”, de “bajo estrato social, tendientes al escándalo y a la criminalidad”, entre otras categorizaciones.
Tengo plena confianza en que estas percepciones erradas sobre la sexualidad cambiarán. Nuestra sociedad tiene suficiente instrucción para entender esta realidad. También veo en un futuro no lejano a personas transgénero que se expresen con su propia voz, que mejoren su autoestima, con una integración social que no signifique negar su identidad o acomodarla a los designios hegemónicos de un grupo. En este sentido es muy interesante el resultado positivo del trabajo que el Cenesex realiza con estas personas y sus familias.
El Estado tiene la obligación de proteger y reconocer los derechos de todas las personas, sin exclusión alguna.
En nuestro país no se esperó a sensibilizar a una población con altos índices de analfabetismo y una nula educación sexual para reconocer legalmente los derechos de la infancia, de la mujer, entre otros. Las leyes y las políticas no son doctrinas inamovibles, deben adecuarse a los dinámicos cambios sociales.
El Estado y el gobierno cubanos fueron signatarios de la declaración que condena todas las formas de discriminación por orientación sexual e identidad de género en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), en diciembre de 2008. En el punto tres de esta declaración se establece: “Reafirmamos el principio de no discriminación, que exige que los derechos humanos se apliquen por igual a todos los seres humanos, independientemente de su orientación sexual o identidad de género”. Aunque se trata de una declaración, y por lo tanto tiene un carácter no vinculante (no es de obligatorio cumplimiento), expresa la voluntad política de nuestro Estado y gobierno en el reconocimiento y protección del ejercicio de estos derechos. Confío que hacia lo interno seamos congruentes con la letra y espíritu de este documento.
El Estado también deberá apoyar todas las iniciativas a favor de la educación sexual y nutrirse de las herramientas necesarias en estos temas que le permitan trazar sus políticas. Sin esto, cualquier ley o política que se apruebe será letra muerta en el futuro.

—Esther Suárez Durán: El Estado debe garantizar la igualdad de derechos para todos sus ciudadanos. Este es un papel que debe cumplir por vías diversas.
Creo que, en efecto, hay una “virilidad” que acompaña la historia de Cuba y que se ha utilizado para identificar a su vanguardia, al menos en los últimos 50 años. Hoy sería una virilidad mal entendida o esquemática, puesto que la firmeza y el coraje no son privilegios de un género.
Quiero pensar que el tema del género será asunto del pasado en el futuro de la nación, porque todos gozarán de los mismos derechos y nadie se sentirá excluido.

—Pedro Manuel González Reinoso: Ya conocido es el lema del rechazo total al maricón —en ese término hostil agrupo a todos los defenestrados sexo-sociales; incluso, a las lesbianas que sufrieron similares represiones, pues no hubo palabreja más soez que indignara y ofendiera tanto desde las gradas del juego, plenas de machanguería— en una nación del Tercer Mundo con grandes probabilidades de injertarse a un cuarto —si fuera posible—, y medievalizada por excelencias en/de su apocada heredad, excepto para cacerías, correrías y prohibiciones de todo tipo de expresión, contra casi todas las banderas, en estos caros cinco siglos de habitáculo occidental: edad muy joven para declararse ya maduros y demasiado pronto para ser corregido el atraso de las decisiones, lógicas o irracionales, con las que obligaron a autoconminarse por la modernidad perdida.
Si no aceptaran a la larga la co-existencia (y otras “coes”), deberíamos recordarles lo efímero de nuestra común estancia bajo este cielo, también común. Sin tiempo de reserva para los grandes cambios, el proyecto de vida se esfumaría al doblar de la esquina. Mañana ya hablarán (mal) de nosotros y de nuestras (peliagudas) inteligencias, por ende entenderán tardíamente sus (in)discutibles (in)capacidades para resolver las diferencias.
El error de inclusión del travesti y otros “fenómenos” en el grupo equivocado, es una generalización derivada de la estupidez —execrable, por demás— del vulgo que ignora las clasificaciones convenientes u oportunas.
El Estado revolucionario —precisamente por serlo— debería rectificarse a sí mismo de tamaña torpeza y enmendar, de paso, todos los equívocos in(ex)cluyentes.

—Alexis Castañeda Pérez de Alejo: Vivimos en una cultura que heredamos de España y del cristianismo con toda su mojigatería. Por otro lado, en buena parte de África no era marginada la homosexualidad en el período de la iniciación sexual y hasta las edades reproductivas.
Fíjate que los negros —no sé hasta dónde se conoce públicamente de este mundo por la propia marginación que han vivido— son muy solidarios con el resto de los marginados. Por ejemplo, en el barrio marginal El Condado conviven los negociantes, machistas, y los homosexuales.
Nosotros heredamos todo eso. Pero también heredamos del comunismo que es muy machista. Y el que nos tocó aquí sigue la cultura del Dios macho y eso hizo mucho daño. Eso puede ser una aberración del comunismo, cualquier cosa que no respondiera a esta filosofía era vista como antipatriota. Las personas homosexuales no podían ser maestros, artistas…, y tenían que irse del país.
Pero nunca pensé que en Cuba se fuera a estar hablando de este tema desde el discurso oficial. Ese es un primer paso.
“Ojalá el futuro sea como ha sido la vida en El Mejunje”, como dice Ramón Silverio
Silverio ha comprendido lo que es ser marginado, aunque no se vea como tal y lo sea. Silverio se impuso no por la fuerza, sino por la admiración. De otra manera lo hubieran condenado por extraño.

—Cindy: Desgraciadamente la revolución cubana ha escrito páginas deshonrosas en la historia de la homosexualidad, en la isla y en el mundo. Y, desgraciadamente, han sido las personas travestis las más vulnerables, las más discriminadas. No sólo por la sociedad, sino por los propios especialistas, que nos discriminan fuera de los espacios ganados por el Cenesex.
La sociedad no entiende de la definición transgénero. Para la gente es lo mismo un travesti que un roquero o que ese hombre que anda por La Habana Vieja con la cara llena de argollas. Y para estos especialistas ser travesti es una anomalía y un descaro. Hay que respetar la diversidad y ellos son los primeros que no respetan: no saben que cada cual expresa su sexualidad, su identidad u orientación sexual, como estima conveniente y que esto no tiene nada que ver con los valores de las personas, porque hay hombres heterosexuales que son asesinos, sicópatas… Yo las expreso travestida y creo tener muchos más valores como ser humano que muchos de ellos.
Pienso que el Estado puede arreglar esas cosas, hablando de principio, de valores, de respeto, aunque va a ser difícil porque nos han inculcado tantas cosas erróneas en la vida. El estado debería demostrar más interés en estos temas. De querer ayudarnos a acabar con la homofobia, ya habrían establecido leyes que multen o encarcelen a quienes le falten el respeto a una persona homosexual. Si quisieran, ya desde el parlamento habrían dicho: “hasta aquí la homofobia”.
La revolución todo lo puede resolver y pedimos igualdad a gritos para poder hablar de una persona transgénero como un ser humano “normal”.

Asumir una identidad de género diferente a la asignada al nacer tiene consecuencias sociales graves como la exclusión del sistema educativo y la marginación laboral, lo que deja como “única opción” para muchas personas el trabajo sexual. ¿Cuál es la situación cubana hoy? ¿Cuáles son los factores que promueven la exclusión con base en la identidad de género?

—Alberto Roque Guerra: Me referí a este tema en mis anteriores respuestas. En Cuba todas las personas reciben educación primaria y secundaria. Sin embargo, las personas transgénero sufren de transfobia en las escuelas y se les prohíbe expresar la identidad de género a la que sienten pertenecer. En su mayoría abandonan los estudios una vez finalizada la enseñanza secundaria y muy pocos logran ingresar a los estudios superiores. Si nos referimos al derecho al empleo, la situación es peor, pues los administradores no las aceptan por no cumplir con “los reglamentos laborales”.
Tenemos excepciones, claro está, y en estos casos hemos podido constatar un desempeño excelente como trabajadoras y trabajadores. Algunos han logrado ocupar responsabilidades administrativas y sindicales. El trabajo por cuenta propia es, entonces, una alternativa frecuente.
En la Estrategia Cubana para la Atención Integral a las Personas Transexuales, redactada desde 2005, están incluidas un conjunto de propuestas a los ministerios de Educación, Educación Superior y del Trabajo y Seguridad Social, que aún están en espera de ser discutidas por esos organismos de la Administración Central del Estado.
El trabajo sexual es también una forma de sustento económico y, para algunas, la única salida.
No puedo dar estadísticas precisas porque no existen estudios serios sobre este tema y sus causas. El Cenesex conoce de las historias de vida de las personas transgénero que acuden a sus espacios. Muchas de ellas han dejado de ejercer el trabajo sexual, una vez que son incorporadas al trabajo estatal.
El ejercicio del trabajo sexual las hace vulnerables a la violencia de género, al acoso policial y a contraer infecciones de transmisión sexual al no contar con las condiciones ni los conocimientos necesarios para negociar el condón y realizar prácticas sexuales seguras.

—Esther Suárez Durán: Los factores que actúan en la exclusión son los prejuicios y las ganancias específicas de cualquier proceso de marginación.
No creo que hoy podamos hablar de exclusión del sistema educativo ni laboral cubano; al menos este último fenómeno está reducido a determinados oficios, profesiones o sectores económicos.
Asistimos a la ausencia de un debate social riguroso y mantenido y de una verdadera educación sexual desde la enseñanza elemental. Como telón de fondo, el decálogo machista de la sociedad cubana.

—Pedro Manuel González Reinoso: La conformación cristiana desde las raíces de la nación impide que aceptemos fácilmente desmentidos de los preceptos bíblicos.
La historia de la isla converge sobre una heterosexualidad galopante: las deficiencias de género o de cualquier otra índole, resultarán engendros abortivos irremediables a sus pareceres o, a la postre y lo sumo, silenciables en el concierto de las mayorías visibles/audibles. Por tanto, no hay nada que temer a lo que en particular se suscite. No habrá por qué sacrificar a las masas minoritarias, esas que ocupan turbios escaques del plan estatal de perseverancia. No hará falta. Se inmolarán solas, de seguro, frente a las imposiciones que la “sabia” sociedad exhiba en su habitual “normalidad”.
Poner en tiempo pasado esta aserción me parece prematuro. Habrá que esperar la cosecha de estos tiempos de siembra y pacientes cultivos.
Los mecanismos se inventaron para eso: para meter en cintura a lo(a)s descarriado(a)s o, al menos, aprehenderles/replantearles el respeto por dogmas y convencionalismos.
Hoy se respira cierta laxitud en la revisión histórica de aquellos fracasos políticos que derivaron en disensión multitudinaria de alabarderos y en excepción de la diferencia.

—Alexis Castañeda Pérez de Alejo: Creo que la gente quiere quedar bien con el sistema que siempre los ve mal, como ve mal al artista, al peludo, al otro en general.
Todo esto lleva un nivel de valentía de las personas transgénero en hacerse respetar y las instituciones en respetarlos.
En Santa Clara uno ha visto a personas que lo hacen valientemente. Pienso en Yoel, La Toya, que son personas admiradas o en Juana Candela, a quien conozco desde la infancia y es un icono de la comunidad gay y transgénero en la ciudad.
En Cuba la gente depende mucho del vecino, de la abuelita y el personaje ese tiene que romper con la familia, los vecinos, los Comité de Defensa de la Revolución, las instituciones y hasta la ideología. Eso es algo adicional que tiene este caso en la isla.
Esas personas han tenido que hacer negocios ilícitos y ejercer la prostitución. Pero nadie piensa que han tenido que agudizar su capacidad y hasta ser malas personas para poder sobrevivir.
Pero las personas transgénero son de anjá, muy duros, porque no se han podido aplastar a pesar de todo lo que le han hecho.
Nuestro sistema político se ha convertido en una religión con el mismo puritanismo, los mismos ritos.

—Cindy: La culpa de que las personas transgénero seamos mal vistas y de que seamos como somos, la tiene la propia revolución. Cuando excluyes, discriminas, y cuando discriminas, no esperes algo bueno de esa persona porque no la dejas avanzar, progresar, no la dejas realizarse como ser humano. Entonces no puedes pedirle nada a una persona estigmatizada. Así pasaba con el racismo: los negros eran analfabetos porque no tenían derechos. Eso sucede y sucederá con los homosexuales y transgéneros si la revolución no se encarga de esa igualdad que se está pidiendo a gritos, si no ve como una urgencia llamarse a capítulo. De hacerse ahora, dentro de unos años se podría hablar de una persona transgénero médica o abogada, capaz de lo que la incapacita la revolución.
A veces la transfobia está a nivel institucional. No es que el estado no me deje trabajar, pero llego a una institución y, si el director es transfóbico, ya no me permite trabajar vestida de mujer. Y ya no es a nivel de estado sino de institución. A nivel institucional hoy hacen contigo lo que quieran, pese a los logros del Cenesex. Por eso creo que cuando estén las leyes habrá que ajustarse a ellas.

¿Qué se ha hecho a favor de la construcción de una nueva “ética de género” que amplíe los límites estrechos de lo que significa “ser mujer” o “ser hombre” en la sociedad cubana? ¿Qué queda por hacer?

—Alberto Roque Guerra: El Programa Nacional de Educación Sexual tiene un enfoque de género que deconstruye esos significados tan rígidos sobre la identidad sexual y de género.
El Cenesex comenzó este trabajo desde finales de la década de los 70’s, cuando aún no se hablaba desde la academia con un enfoque de género ni se atisbaban las teorías sobre la diversidad sexual ni la queer.
Los últimos diez años han sido decisivos para ampliar el espectro, a pesar de las resistencias. El Cenesex, junto a otras instituciones y sus activistas, ha desarrollado un amplio trabajo de capacitación hacia la comunidad, en los ministerios (de Salud Pública, de Justicia, del Interior), en las prisiones, en los medios de comunicación y en las universidades.
La Campaña Educativa por el Respeto a la Libre y Responsable Orientación Sexual e Identidad de Género y la conmemoración de las Jornadas por el Día Mundial contra la Homofobia, son las que más impacto han tenido a nivel social.
Queda mucho por hacer. El desafío es enorme, pues radica en derrumbar siglos de oscurantismo sobre la sexualidad y en desarticular el modelo hegemónico y heterosexista que se ha heredado desde entonces. Considero que hay que vencer el silencio y la ignorancia, abrir espacios de discusión sobre sexualidad en las comunidades y descubrir cómo la discriminación por orientación sexual e identidad de género tiene vasos comunicantes con otras discriminaciones, aún no resueltas en nuestra sociedad, como la discriminación por el color de la piel, por el género, por las creencias religiosas, la posición social, el lugar de origen, entre otras. Reitero que llevar este debate a la familia y a otros grupos humanos es primordial.
Las iniciativas legales también son necesarias mientras no se produzcan estos cambios a los que me refiero. Ello implicaría el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo, incluyendo el matrimonio —para algunas personas homosexuales es importante casarse— y el derecho a la adopción de las parejas del mismo sexo. Además, debe reconocerse el derecho a la reproducción asistida que solamente beneficia a las parejas heterosexuales. Debe quedar explícito en las leyes laborales la no discriminación por orientación sexual e identidad de género en el puesto de trabajo y el empleo de las personas transgénero con la identidad de género que desean vivir. Otro tema pendiente es el ingreso de las personas homosexuales y transgénero al ejército y al deporte de alto rendimiento.

—Esther Suárez Durán: Creo que aún está todo por hacer. El papel principal lo desempeñan el sistema educativo y los medios. Además, la postura social firme, valiente y consecuente ante el tema.

—Pedro Manuel González Reinoso: Mucho de una parte y de la otra; lo ya hecho y lo pendiente aún, por parte de quienes pueden y deben hacerlo: nosotros, desprejuiciados y abiertos sensores/defensores de la sexualidad de cualquier origen o matriz ortodoxa; los divulgadores honestos de la felicidad de ser lo que se quiera sin restricciones ni obstáculos más que la propia preferencia hacia el(la) otro(a); en fin, el ser social que amerita considerarse libre y sano en su respetable opción catalizadora.
Ya entrarán en acción a su justo tiempo las éticas que, como toda ciencia doctrinal, resultarán dúctiles y mutables en su desarrollo psicosocial, sin desdeñar anversos ni reversos.
Los (trans)géneros no deberán exceptuarse. Lo que falta por hacer en el futuro inmediato es “la gran ley civil definitiva” que haga posible tales cumplimientos del respeto al derecho inalienable del individuo y de su probidad sexual, laboral y social, y todo lo que se entienda pertinente añadir, que garantice la valía permanente para el futuro de todos sus haberes.

—Cindy: Yo no veo los cambios. Sólo veo que la gente habla mucho de estos, de transfobia u homofobia, de revolución, pero el verdadero cambio no llega nunca.
Falta por hacer lo que soñamos desde el principio: sólo se habla, se habla y todo queda en un limbo porque creo que el estado no se lo ha propuesto en serio.
Nuestra sociedad está adaptada a que lo que digan desde allá arriba es ley.
Tampoco me imagino que a la revolución le interese mucho hablar de homosexualidad o de personas transgénero. Somos una revolución machista, formada por personas muy viejas, campesinas, muchas de ellas estuvieron presos durante la lucha por la independencia de Cuba. Estas personas no vienen de una discoteca, sino de una sierra (Sierra Maestra) y están adaptadas a una vida de guerrillas, cruel, cruda. Cuando la revolución se renueve con los jóvenes, entonces a esa gente le interesará hablar de este tema. Pero creo que a las personas que están, con rezagos de la vieja mentalidad, no les interesa.

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