Abraham Bueno: A Imperio le debo la vida

Imperio de Cuba, personaje del transformista Abraham Bueno. (Foto: Phillipe del Drago).

Cae la tarde. Marco un número telefónico, una voz masculina me atiende.

—Sí, buenas noches, estoy buscando a Imperio.
—Es Abraham, me aclaró respetuosamente.

Quedamos para esta entrevista al día siguiente.
En los escenarios habaneros facilitados al transformismo es conocida desde hace cerca de 2 décadas. Aunque hubo antes otra Imperio —Leonel, aparecido en “Mariposas en el andamio”, documental sobre el transformismo en Cuba, de Luis Felipe Bernaza (1995)—, ahora es él quien domina bajo ese nombre. Pero durante el día es Abraham, un muchacho de mirada dulce y hablar pausado.

—Me gusta que el público me vea en el escenario con una imagen de mujer impecable y que quede choqueado cuando salgo del teatro vestido de hombre y con la cabeza rapada, confiesa al inicio de nuestra conversación.

Durante años pocas personas sabían quién era Abraham y su personaje creció acompañado de la incertidumbre de sus admiradores.
Imperio nació en la ciudad central de Santa Clara. El nombre Abraham lo tomó de “Voltus V”, unos dibujos animados japoneses de moda.
Pero antes, Abraham recreó a Tanya —cantautora cubana roquera exiliada en Estados Unidos que aún lo inspira—, a Marucha —cantante cubana que interpretó por poco tiempo—, a Ania Linares —también exiliada y muy popular en Cuba— y, por último, al personaje de Adria, que doblaba temas cantados por la cubana Lourdes Torres.

—Me costó mucho trabajo imponer a Imperio en La Habana porque tenía una gestualidad excesiva. La gente no entendía mi manera de interpretar, aunque logré convertirla en un patrón, una moda, y todavía la empleo a veces.

Imperio ha sido, según el público del transformismo, una de las artistas más imitadas por sus colegas, junto a Paloma Dietrich.

—Por lo general el transformista imita a mujeres y yo he logrado que imiten a Imperio. Una cantante ha sido mi patrón, mientras yo lo he sido para una generación de transformistas.

Su salida de los escenarios, en 1997, creó la otra incógnita.

—Me alejo del medio en 1997, luego de un malentendido con otra artista en la competencia Lo mejor del año en la que gané el primer premio y el de Canción del año con “Y basta ya”, de la puertorriqueña Olga Tañón.

Abochornado por chismes que se generaron a partir de esta tergiversación, decide retirarse. En ese proceso descubre que es seropositivo al VIH y entra al sanatorio Menocal en San José de Las Lajas, en la antigua provincia de La Habana.
Muchos de sus seguidores piensan que esta fue la causa de su renuncia.

—En el Sanatorio seguía siendo Imperio para muchas personas. Pero yo no tenía que ver con el mundo de esas personas. Tampoco contaba con el apoyo de mi mamá. No quería estar en el Sanatorio y no podía estar en mi casa.

4 años más tarde buscó un alquiler y para pagarlo rescató a Imperio.

Este personaje le ayudó a tener una mejor calidad de vida porque pudo salir del sanatorio, porque no le da tiempo a pensar en el VIH/sida y porque logró la aceptación familiar.

—A Imperio le debo la vida. Paradójicamente ella es la mayor causa de mis estados depresivos porque sufro por hacerme un traje espectacular y que no me aplaudan o me paso una semana pensando dónde estuvo el error de una actuación.

“El gran reto no ha sido vencer los comentarios ni conquistar el respeto de colegas, familiares y seguidores, sino la imagen de Imperio”, dice Abraham. Es ella la que le da de comer con cada actuación. “No vivo de la prostitución masculina”, reflexiona en voz alta.
En el transformismo nadie perdona las arrugas, las repeticiones de vestuario, los descocidos o la falta de joyas, aunque sean imitaciones baratas. “Tiene que tener un buen trapo para que sea una buena artista”, es una frase que se repite en diversos espacios.

—He visto a muchas colegas olvidadas, convertidas en los escombros de lo que un día fueron.

Su primer traje fue de tela de saco de harina, teñido de amarillo chillón con tabletas de un medicamento llamado robotina. Las lentejuelas fueron simuladas con papel de regalo picadito. Las tizas de colores salieron de una escuela para convertirse en maquillaje. Y los zapatos fueron unos mocasines de hombre adornados con un lazo dorado como chinela que era lo único que se veía.

Quizá, esa ingeniosidad y creatividad ante las carencias materiales sea el distintivo del transformismo en la isla.

—Creo que nos aplauden y respetan más porque en otros países, aunque tienen todos los recursos para brillar como superestrellas, no los combinan con talento. Se lo toman como un juego.

Los transformistas cubanos viven de personas conocidas como “mulas” que venden en la isla productos deficitarios o más económicos traídos del extranjero, de amigos que desde la emigración contribuyen y del público que los recompensa con artículos necesarios.

—No hay una tienda para nosotros. Y no pedimos una tienda para homosexuales o transformistas, sino un departamento donde vendan pelucas, guantes, medias… Todo es muy sacrificado.

Quizá por la falta de recursos, la tendencia internacional de copiar la imagen de la artista que se interpreta, no ha invadido a Cuba.

—Aquí generalmente tenemos un nombre propio, un personaje propio que se mueve según las necesidades y posibilidades entre diferentes caracterizaciones.

Para Abraham los transformistas suplen a las artistas que ya no están porque envejecieron, murieron o han emigrado. Insiste en que se considere su trabajo una manifestación artística que les permita ganarse su sustento diario en paz.
Sin embargo, el tema aún se debate. Han logrado acceder a teatros y centros nocturnos estatales, pero no pueden cobrar por esto. Sus nombres y fotos tampoco aparecen en las marquesinas o cuando lo hacen es bajo los calificativos de impersonalizadores —un término tomado del inglés female impersonators (imitadores femeninos)—, o el de travestis vedette —siendo el travestismo otra expresión transgénero muy bien definida.

—Ahora hay que unir a varios artistas para llenar un teatro. Como consecuencia se han visto en la necesidad de programarnos en estos espacios para atraer gente y muchas veces ni siquiera nos ponen en cartelera.

—¿Y las fiestas privadas? Allí sí reinan, lo provoco.
—Muchas personas no pueden pagar 25 cuc, aproximadamente 31 dólares, por una mesa o 2 cuc (2.50 dólares) por estar en la fiesta, esperan poder ir a un teatro por sólo 5 pesos cubanos (0.16 cuc o 0.20 dólares). Y de nada vale talento si no tienes dónde mostrarlo. El público olvida rápido y los jóvenes nos ven como el complemento de las fiestas y no como el centro.

Llamadas show, fiesta, periquitón o, simplemente, el lugar, han permitido que ganen popularidad entre un público antes mayoritariamente gay; ahora heterogéneo.

—¿Qué reclamas?
—Quisiera pertenecer a una empresa estatal como la Adolfo Guzmán. Pero no para que me audicionen como comediante. Quisiera que me audicionaran como lo que soy: un transformista.
Quisiera estar en un programa de televisión estelar como La Descarga, también como transformista.

Él sueña que la aceptación, la inclusión y el reconocimiento del transformismo como cualquier otra manifestación artística no demore más para poder gozar de los beneficios. Pero los pasos han sido lentos.

—Llevan dos años celebrando un espectáculo por el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia en el cine-teatro Astral y este en el teatro América y sus dirigentes aún son homofóbicos. No pude participar, el primero de diciembre de 2009, en la gala contra el VIH/sida en el cine Acapulco porque las personas que lo dirigen también son homofóbicas.

Abraham no quiere para Cuba una zona rosa, ni un pedazo de playa ni un cine ni un teatro sólo para gays y transformistas. Quiere la libertad de poder elegir.

—La represión policial que vivimos gays, lesbianas y transgénero a diario en el Malecón, nos impone que nos ubiquemos en “nuestro espacio”. Pero quién dice cuál pedazo de ese muro es o no mío.

Anuncios
Comments
One Response to “Abraham Bueno: A Imperio le debo la vida”
Trackbacks
Check out what others are saying...
  1. […] —Se inaugura en el capitalino Cabaret Las Vegas el primer show de transformismo reconocido por el Ministerio de Cultura de Cuba, en colaboración con CENESEX. Las anfitrionas, son Margot Parapar e Imperio de Cuba. […]



Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: