Riuber Alarcón: Quiero que inmortalicen a Margot en una estatua

Personaje del transformista cubano Riuber Alarcón. (Foto: Phillipe del Drago)

Riuber es graduado de técnico medio en elaboración térmica de metales. Fue precisamente en la escuela tecnológica Amistad cubano-soviética que la actuación lo atrapó con su magia.
De la mano de Lourdes Fernández, instructora del grupo de teatro aficionado Víctor Jara, interpretó su primer personaje femenino, una anciana llamada América. Representaba al continente americano tras los 500 años del encuentro de las dos culturas.
Anselmo, en “Contigo, pan y cebolla”; Benito Pi y Carvajal, en “El caballero de Pogolotti” —ambas obras de Héctor Quintero—, y Ser, en “La Moira”, de Juan Bautista Pujol; fueron algunos de los personajes que lo nutrieron hasta hoy.
Como no se hallaba entre metales, se hizo peluquero estilista, especialista en época, de cine, televisión y teatro. Y montó un próspero negocio particular.

—Un buen día me dije que no quería tener dinero, si el costo era estar diariamente metido en un cuarto con un espejo delante.

Era 1994 cuando nació formalmente Margot Parapar, en el célebre Periquitón de Marianao. Aunque, para ser justos, ya se había asomado al mundo en el tecnológico, gracias al apoyo de Mayra, su entonces directora.
Inspirada en el personaje homónimo del actor Osvaldo Doimeadiós, la Margot de Riuber era otra caricatura de mujer. Pero prefirió hacer reír por lo que decía, no por cómo se veía.

—El personaje ha tenido reformas. Si soy justo, hasta ahora, han sido 4 las Margot que he interpretado.

Ahora le interesa verse cada vez mejor, más lograda como mujer y ser más agradable visualmente para su público. Quizás sea el único transformista que hace humor sin que el chiste se apoye en la imagen.

—De lo contrario sería como La Pía —personaje televisivo del actor Ángel García—, que da risa con la imagen.

Lo mismo se le ve como humorista, como conductora de un espectáculo en la fiesta de turno o en El Mejunje de Santa Clara, que caracterizar a otros personajes como las cubanas La Lupe, Celia Cruz, Elena Burke, la argentina Nacha Guevara con “El vals del minuto” y la peruana Yma Sumac con el maravilloso “Taky Rary!”.

—Interpreto lo que me guste y crea que me puede aportar. Tengo la ventaja de la versatilidad.

Para él una característica intrínseca del transformismo es la belleza.

—Suplimos un ingrediente que le falta al llamado artista profesional en Cuba. Somos el arte escénico que dejó de existir apoyado por carencias. Somos las artistas que ya no se ven, no por falta de talento, sino por la escasez de recursos, de imaginación o de deseo.

Hace silencio. Me anuncia que repasa mentalmente.

—En Cuba casi todas las artistas engordan y dejan de preocuparse por su imagen. Se aparecen en cualquier escenario en un pantalón, con un bustier con cuatro piedras y ya. Pero el transformista no. El transformista busca, se cuida.

En los años 90’s, Margot usaba unos zapatos de tacón talla 37, mientras Ruiber calza el 41. Sin embargo, ahora pone todos sus recursos en función del espectáculo, de su trabajo. Invierte semanas buscando telas para nuevos vestidos, calzado que ajusten en sus pies, bajo las miradas y comentarios de vendedores cuando se prueba un par de zapatos de mujer.

—Y luego existen los que dicen que no somos profesionales, que no trabajamos porque no reconocen las fiestas legalmente. Pero esos sitios nos dan de comer y han visibilizado el movimiento transformista. En unos está una persona como W, que se preocupa porque el espacio esté bonito, porque su show tenga calidad, porque seamos bien atendidos, por pagar un buen salario. También existen otros lugares en los que nos explotan y, aún así, tenemos que estar porque no tenemos una empresa que nos apoye, que fije cuánto vamos a cobrar por presentaciones.

En realidad, han sido pocos los directores artísticos que se han acercado en serio a su trabajo. Tampoco abundan los funcionarios culturales  que crean en ellos, aunque el Cenesex ha ganado espacios.

—El transformismo nació en una cárcel, así que muchos piensan que todos los “travestis” tenemos una mala procedencia y no tenemos cerebro. Y siempre estás ilegal.

De las prisiones cubanas post-revolucionarias salieron personajes travestidos, célebres aún hoy, como Lirio del Valle, La Pitillamba, La Duquesa, Loreta, Lili o Sissi Emperatriz. Cuentan que eran personas con conductas marginales que se convirtieron en leyenda por enfrentar las normas heterosexistas.

—Fue la revolución cubana la que dijo que esto era malo, que era una herencia del capitalismo, un defecto. Ahora quieres decirle a la gente que no es así.

Me cuenta de Norberto, su amigo homosexual que acaba de enfrentarse a cartas de advertencia por “salir de su casa vestido de mujer en las noches”, amparadas por la ley de Estado peligroso, conocida popularmente como “Peligro”, que condena conductas supuestamente predelictivas.

—Díganme que se está luchando contra la homofobia cuando se haga una Mesa Redonda —panel televisado en Cuba en el que especialistas analizan determinados temas, fundamentalmente internacionales—, con un médico gay, un ingeniero gay, un diseñador gay… y que no va a haber inconvenientes en que expresen su orientación sexual o identidad de género ni tendrán problemas por este motivo.

Por eso, a veces siente que las invitaciones suenan a dádivas, favores o actos de caridad, a “te vamos a dejar porque realmente trabajan tanto y se esfuerzan tanto”, cuando los necesitan para atraer público. “No nos reconocen, pero nos utilizan”, comenta.

—Yo no canto. Pero tengo talento para diseñar mi imagen, por ejemplo. Te quedas muerto cuando ves en la televisión cubana conductores y artistas que se expresan mal, mal peinados, mal maquillados y con la ropa estrujada. Yo no me expreso así. No me veo así.

Otra de las justificaciones para que no accedan a espacios estatales comerciales, como los centros nocturnos, es la violación de las tarifas de precios durante las presentaciones de transformistas.

—¿Qué tengo que ver yo con la cantina? Soy artista. De ese precio alterado no recibo nada.

Le hablo de la imagen del mundo transgénero que brindan los medios de comunicación masiva. Está visiblemente molesto.

—En la telenovela cubana van a tocar por primera vez el tema de la homosexualidad masculina: aparece cómo un abogado gay desbarata un matrimonio heterosexual con intrigas y bajezas. Al final el hombre quiere volver con su esposa, cuando descubre que vive con el VIH.

Prefiere las películas del español Pedro Almodóvar, al que casi conoce en agosto de 1997 durante su visita al Periquitón de Marianao, justo cuando la policía hizo una de las redadas más sonadas de la historia habanera. Pese a que, a su juicio, el cineasta manchego también los estigmatiza, aunque al final el gay, el travesti, es un buen amigo.

Por eso su pauta es la película cubana “Fresa y chocolate”, de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, basada en el cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz.

—Pienso que toda la apertura cubana al tema homosexual y transgénero, se la debemos a Fresa y Chocolate. Se habla del respeto al otro, que en este caso es homosexual, aunque puede ser cualquiera en la sociedad cubana.

Pero, está hecha por personas heterosexuales, lo pincho.

— ¿Y qué? Puedo asegurarte que las cosas más homofóbicas que he visto las han realizado personas homosexuales o bisexuales.

Me recuerda a Toña la negra, personaje homosexual aparecido en “Su propia guerra”, exitosa serie policial de inicio de la década de los 90’s y retransmitida por la televisión cubana a inicios de 2010.

—La gente la amó. A pesar de que era marginal, marginado, tenía valores como ser humano.

Escarba en el pasado reciente y encuentra la película cubana “Los dioses rotos”, de Ernesto Daranas, en la que aparece otro travesti marginal que vive de la prostitución.

—De modo que no podemos decir internacionalmente que en Cuba está prohibido el transformismo porque aparece en estelares de la televisión cubana, en el cine, en el teatro y en la literatura. Pero sólo muestran la cara fea.

Quiero dejar de hablar de los medios. Retomaré el tema en otro momento, quizás con algún especialista.
Pregunto por sus aspiraciones, quiero saber.
Riuber anhela ver a Margot como anfitriona de un programa de televisión. Otra vez los medios. Y es que a Ruiber le gusta la fama.

—Si Margot no hubiera sido famosa, la habría abandonado.

Luego me pide que tome nota. Y habla ella, el personaje.

—Si cuando nuestros reclamos finalmente sean escuchados no estoy, sólo quiero que me inmortalicen en una estatua o en una moneda.

Y nos reímos.

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  1. […] reconocido por el Ministerio de Cultura de Cuba, en colaboración con CENESEX. Las anfitrionas, son Margot Parapar e Imperio de […]



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