De Fuller a Musmé: Tras sus huellas (1918-1959)

Hay poco escrito, casi nada, sobre el transformismo en Cuba. Las fuentes vivas también escasean. Y no parece interesar mucho a historiadores y críticos de arte, ni como fenómeno artístico ni como expresión de una identidad de género más flexible. (Cronología TransCuba)
Hurgo y aparece Fuller, catalogado como excéntrico, bailarín y transformista. Investigaciones lo ubican en 1918, en el teatro de la ciudad pinareña de San Cristóbal, 72 kilómetros al oeste de La Habana, según refiere Gretel Báez, sin aportar datos sobre su desempeño.
Fuller reaparece en el Cine-teatro Dalia, de Guane, también provincia de Pinar del Río. Y como Dalia fue inaugurado en 1936, infiero que su carrera artística continuó al menos hasta la década de los 30’s.
La segunda referencia en el tiempo es de transformismo masculino. Fue la actriz y cantante cubana Rita Montaner la precursora en Cuba de esta manifestación artística.
Montaner debutó con la interpretación del negrito calesero en el estreno de la zarzuela “Niña Rita o La Habana en 1830”, de los compositores cubanos Ernesto Lecuona y Eliseo Grenet, en el habanero teatro Regina, el 29 de septiembre de 1927. La obra es señalada, además, como el inicio de la renovación de la zarzuela cubana.
Recuerdo haber visto la foto de un transformista en la exposición “Eros y Tánatos: la fotografía en la escena cubana”, que del 23 de julio el 12 de agosto de 2009 exhibió la Fototeca de Cuba. Sigo la pista.
Era un primer plano de un actor vestido de mujer del grupo Bataclán Universitario, fundado en 1922 por alumnos de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.
La instantánea estaba fechada en 1927 y firmada por Aladar Hajdú, fotógrafo húngaro que vivió en Cuba, conocido bajo el seudónimo de Rembrant.
Aunque personas entrevistadas aseguran que en realidad los transformistas se confundían entre las modelos de varias compañías de Bataclán, surgidas bajo la influencia de la compañía francesa Bataclán, de Madame Rasimú, que actuó en el Teatro Nacional de Cuba en 1925.

—“El transformismo era considerado una imitación y a los imitadores se les llamaba maquietistas”, repasa Enrique Ríos, especialista del Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas.

En el teatro vernáculo, el término maquietista define a personas que se dedican a cantar, bailar, recitar e imitar satíricamente.
Ríos da fe de la existencia de 2 actores del teatro bufo en las décadas del 30’s y 40’s: “uno actuaba con el nombre de Pamela y el otro era Armando French”.
También, existen certezas de transformistas camuflados entre las bailarinas de las famosas congas del carnaval habanero, como “Las Bolleras” y “Las Jardineras”.

—“En los carnavales del año 47 ó 48, en los camiones, entre los mamarrachos, iban hombres vestidos de mujer —mujeres de hombre no las recuerdo. Era lo que ahora se denomina transformistas cómicos porque la imagen de mujer era algo burda”, comenta el teatrólogo, crítico y actor cubano Roberto Gacio.

Pero, al parecer, el transformismo en los primeros años del siglo XX no sólo estuvo relacionado con el llamado teatro bufo o vernáculo y de variedades, y con las fiestas populares.
Tal vez porque las mujeres tenían aún vedados ciertos espacios y eran empleos asequibles para hombres con identidades de género excluidas del rígido modelo de masculinidad, hacia finales de la década de los 30’s y antes que en muchos países, los transformistas también figuraban en los espectáculos musicales de importantes centros nocturnos habaneros.
Sin embargo, fueron los años 50’s los que vieron florecer el transformismo en la isla.
El compositor cubano Bobby Collazo relaciona a una veintena de transformistas en este década, en su libro “La última noche que pasé contigo: 40 años de farándula cubana (1920-60)”.
“Era raro cabaret de segunda —que no era un tugurio— que no tuviera un transformista en su elenco”, cuenta la cantautora Lourdes Torres, uno de los iconos del transformismo, la comunidad gay y de personas con VIH, en Cuba.
Corrían los rumores que más de un transformista figuraba entre las coristas de los cabarets Montmartre, Night and Day y Rumba Palace o en los míticos cabarets de la playa de Mariano (Panchín, Chori, Taberna de Pedro) y los del puerto (Estrella y Helena), sumados a los del underground homosexual como el famoso Slopy Joe’s y Los Troncos, en Centro Habana, y el Saint John, en el Vedado.
Por entonces, Collazo los dividía en transformistas cantantes para “los que cantan con sus propias voces” y transformistas bailarines para los que se dedican sólo a la danza. Entre los primeros señala al cantante lírico Omar Ferrán, a Kismet (nombre tomado de la película de Marlene Dietrich), René Romance, René Rubens y Musmé. “El chino Musmé cantaba con su perfecta voz decontralto”, cuenta el dramaturgo cubano Héctor Santiago, exiliado en Estados Unidos en 1979. Y Torres, que coincidió en los escenarios con Musmé, relata que “cantaba con su voz, con cierto parecido a la cantante cubana Olga Guillot”.

—“Era un chino feo. Llegaba a Las Vegas (cabaret) con su pantalón más arriba de la cintura, como se usaba en la época. Cuando se maquillaba y se vestía de mujer, era una china bellísima. Tenía mucha ropa, hasta trajes de geisha”, cuenta todavía bajo el asombro de aquella metamorfosis.

Julio Chang —así se llamaba Musmé— recibió clases de canto con Mariana de Gonitch. Con su voz en la cuerda de soprano se convirtió en uno de los más famosos transformistas de Cuba antes de 1959. Su estreno lo hizo en el Panchín. Pero su consolidación ocurrió en el teatro Campoamor.
Torres se refiere a “otro que era muy feo”. No recuerda su nombre. Creo que se refiere a Omar Ferrán porque “cantaba lírico con voz de mujer las zarzuelas ‘Cecilia Valdés’, de Gonzalo Roig, y ‘María la O’, de Ernesto Lecuona”.
En el listado de los bailarines de Collazo constan Adrián, Bobby de Castro, René Duval, René del Río y Manolito Mayland.
Podrían incluirse Chemar, con “hermosas imitaciones de Tongolele hasta que se quitaban la peluca”; Shalimar (nombre de una colonia Guerlain), que reinaba en el cabaret El Colonial en el puerto habanero; y Américo Castellanos, que paralelo a su personaje de gallego recreaba a Floripondia, cuentan Santiago, Orlando Quiroga y Enrique Ríos, respectivamente.
Pero el verdadero florecimiento del transformismo en la isla, viene avalado, según algunas personas, por la presentación en plazas nacionales de artistas de otros países.

—En el cabaret Night and Day, camino al aeropuerto habanero, conocí a un mexicano que era pequeño. Tenía un cuerpo, que no era hecho en aquel tiempo. Cantaba con su voz y bailaba. Salía con traje amplio, largísimo y luego en bikini discreto. Al final se viraba de espaldas al público y con los últimos acordes soltaba el micrófono. Se ponía la mano izquierda en el pecho y la derecha en la cabeza. Con el último acorde se arrancaba la peluca y el ajustador.

Cortesía de editor del sitio web de la actriz y activista

Hasta Christine Jorgensen, una estadounidense publicitada como la primera persona transexual que accedió a la cirugía de adecuación genital, en Dinamarca, fue invitada en 1953 por el productor cubano Rodney al espectáculo del famoso cabaret Tropicana.
Santiago asegura que la orquesta Aragón le dedicó un cha cha chá que decía: “Yo no voy a Dinamarca porque me cambian la marca”, y que la comunidad gay acudió a recibirla “al aeropuerto con flores, bombones y un enorme cartel dándole la bienvenida”.
Otras personas entrevistadas refuerzan que la legitimidad del movimiento está relacionada con la aparición en televisión de este fenómeno artístico.
El comediante Luis Echegoyen creó su personaje televisivo “Mamacusa Alambrito, la del alma grande y el cuerpo chiquito”, una delgada anciana, ataviada con un discreto maquillaje, su vieja cartera y peculiares vestidos de guinga.
Pero lo que más llamaba la atención de Mamacusa era que “se atrevía a criticar, anunciar y predecir sucesos con la libertad que se toman las personas mayores que poco esperan ya de la vida”, según una página de la red social Facebook, que la honra.
Ríos evoca a Prematura, otro personaje televisivo encarnado por Tito Hernández, “gran imitador también de personalidades políticas”.
Mientras, Violeta Vergara caracterizaba a Pelusa, un joven vendedor de periódicos.
Vergara aparece como la primera mujer que incorpora un personaje masculino a la televisión cubana. Hasta ahora es el segundo hallazgo de transformismo masculino.
Pero la creciente popularidad y el rigor del transformismo en la isla no convencían a las autoridades. Ríos asegura que durante estas décadas “las publicaciones periódicas consideraban impropio reflejar esas manifestaciones”. Y la televisión las prohibió por disposición del entonces ministro de Comunicaciones (1954-1958), Ramón Vasconcelos.
Desde la década de los 30’s,  se sancionaba en Cuba a las personas que habían osado “salir del closet”, por el delito de Ostentación Pública.
Ambos, mandato y ley, fueron heredados por el gobierno revolucionario que tomó el poder en Cuba en 1959.

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