El transformismo en Cuba

Es viernes. El taxi entra por un callejón sombrío. El chofer con nombre de poeta español me pregunta si realmente sé a dónde voy. Le respondo que sí. Me interroga: “¿Qué va a hacer ahí?”. Miguel Hernández teme por mí y también por él.
Entre tanta nocturnidad se va haciendo la magia cual antítesis de la Cenicienta, después de las 12 campanadas: rostros maquillados al estilo de los años 80’s van apareciendo.
Algunos llegan armados con cuerpos postizos cubiertos por ropas glamorosas, con pelucas y con empinados tacones —tan altos como si quisieran construir una atalaya desde donde ver toda la sociedad cubana—; otros prefieren dotarse en el improvisado camerino.
¡Son hombres vestidos de mujer!, exclama el taxista antes de partir con la promesa de recogerme luego. Son transformistas, le respondo con el compromiso de explicarle todo a la vuelta, si decide vencer su miedo.
Tan lejos y tan cerca de la ciudad, los transformistas reinan en las madrugadas habaneras, relegados a espacios semiclandestinos —sin licencia estatal, pero de conocimiento público—, donde la policía aún irrumpe con el pretexto de poner orden al llamado enriquecimiento ilícito.
Ser transformista en Cuba significa también con frecuencia la frustración profesional, estar enfrentados con la familia, llevar una vida semioculta lejos de miradas censuradoras o ser vistos como trabajadores sexuales y propagadores de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y el VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida).
Desde hace 3 años, suben anualmente a un escenario estatal para protagonizar la gala cultural de la Jornada Cubana contra la Homofobia, que el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) conmemora a propósito del 17 de mayo.
El hecho los empuja a la primera plana de diarios internacionales, ahora con una imagen menos marginal, pero igualmente estereotipada que la devuelta por el espejo de la sociedad cubana y los medios de comunicación extranjeros, mientras los de la isla prefieren seguirlos ignorando.
Dicen que existen hoy cerca de 60 transformistas activos sólo en La Habana y cada día parece surgir de la oscuridad una nueva figura.
Quiero contar estas historias pasadas y recientes tal como me las cuentan, tal como las he vivido.

De Fuller a Musmé: Tras sus huellas (1918-1959)
Y en eso llegó Fidel o el transformismo de resistencia (1959-1968)
Transformismo revolucionario (1968-1997)
Abraham Bueno: A Imperio le debo la vida
Riuber Alarcón: Quiero que inmortalicen a Margot en una estatua

Cronología TransCuba (1571-2010)

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